Hubo un tiempo en que... Me doy cuenta de que ya he empezado varias veces con esta misma entradilla pero es cierto que los tiempos han cambiado bastante en las últimas décadas. Prosigo. Hubo un tiempo en que a los niños no se les trataba como a tontos y que se les planteaban películas, series, libros... con cierta complejidad e incluso con cierta, vamos a llamarlo, oscuridad. Si nos vamos a los '80, la cantidad de ejemplos de películas, series y programas "infantiles" que hoy en día algunos tendrían miedo de poner a sus hijos es casi interminable, y no solo en los EE.UU. Detallarlas todas no es el propósito de este blog por lo que me voy a centrar en la mítica película "Dentro del laberinto" de 1986.
Para los que no la hayan visto, atención al argumento (y recordad que es una película musical dirigida a un público infantil/juvenil). Una niña de 15 años (Jennifer Connelly) sueña con un extraño hombre (David Bowie) en un baile de máscaras por el que siente una aparente atracción. Ese hombre, que se revela como el Rey de los Goblins, rapta a su hermano pequeño de 8 meses y la obliga a ella a recorrer un laberinto a contrarreloj para llegar hasta él si no quiere que su hermano quede prisionero del los goblins para siempre. Ríete tú de los "problemas" de los protagonistas de las sagas Disney de "Los Descendientes" o "High School Musical".
De hecho, para los que aprecien las teorías conspiranoicas, rascando por Internet es fácil encontrar interpretaciones y contextos escabrosos de la película, que van desde tamaños deliberadamente desproporcionados hasta que todo podría ser una manera fantasiosa de la niña de lidiar con los abusos sexuales realizados por su padrastro cuando era más pequeña. Ahí queda eso.
Y por si fuera poco, y ya metiéndonos en materia, el tema que nos ocupa, compuesto específicamente para la BSO que nos ocupa, no tiene un videoclip sino dos. El primero de ellos, es una escena directamente sacada del principio de la película, cuando la niña Connelly, en sueños aparece vestida de princesa en un extraño baile de máscaras y descubre a Bowie, del que queda fascinada y al que persigue para poder "bailar" con él hasta que ve que está perdiendo el control (representado por el reloj) y que necesita salir de ahí, para lo que se hace con una silla y se carga el espejo que le permite salir del sueño (aunque este "despertar" no se muestra en el videoclip).
El segundo fue el sencillo promocional de la BSO de la película en la que un Bowie más terrenal en apariencia porque al estar estar acompañado de Hoggle, uno de los personajes de la película, parece indicar que sigue siendo el Rey de los Goblins, intenta seducir a golpe de fotocopias de su cara a la preciosa, y rápidamente relegada a producciones de televisión, actriz francesa Charlotte Valandrey. Todo ello en un elegante blanco y negro, salpicado de puntuales toques de color, en una más elegante ¿oficina? ¿casa con fotocopiadora? industrial? mientras él actúa desde su casa frente a un cuadro de ella. Y entre medias, y a color, alguna escena de la película.
VALORACIÓN
Habrá quién diga que si la película fue un fracaso en taquilla, por algo sería, quizás demasiado compleja y oscura para los críos pero entre el mundo happy que nos muestra Disney y la fantasía oscura de esta película (y de los videoclips) yo me quedo con lo segundo. Y podemos dar gracias que al final fue Bowie quién interpretó al Rey de los Goblins y no Michael Jackson que era la idea inicial. Las conexiones de secuestro de bebé, seducción de una niña en la película con las acusaciones a las que se tuvo que enfrentar en vida habrían sido demasiado evidentes.
La escena de la película me parece muy buena, joven prendada de hombre misterioso capaz de adentrarse en un inquietante baile de máscaras por seguir su... "curiosidad". La presencia de Bowie lo hace todo y ver cómo juega con ella al gato y al ratón es una delicia.
En cuanto al videoclip promocional, es aún mejor. Irradia poesía y belleza y mezcla a la perfección lo natural con lo sobrenatural, la realidad con la fantasía, el blanco y negro con el color, con un final abierto a interpretaciones y con un zapato que cae, que al principio del videoclip parece significar una cosa y al final otra bien distinta.
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